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"Tócala otra vez, Sam. La guitarrita" / Foto © Rafa Gassó. |
Hay algo hermoso, casi pictórico, de bella justicia poética, en abandonar
una boñiga matutina en el WC que no cuela de la habitación de un hotel de
mierda (nunca mejor dicho), en el que, además, una taza de café cuesta cerca de
3€ al cambio en rupias de Sri Lanka. Esto es así.
Abandonamos la ciudad de Puttalam (nada que la fonética de su nombre no
indique), de regreso a Negombo, punto de partida hace ahora dos semanas y bonita
playa de generosos atardeceres, junto al aeropuerto, en la que sortear
agradablemente la espera de nuestro vuelo de vuelta a Chennai (evitando, así,
la impracticable, por caótica, Colombo, capital de este país con forma de isla
dulcemente salvaje; tan salvaje como la uña de nuestro compañero de autobús; de
oficio, desfondador de guantes. La pregunta es: Si no toca la guitarra, ¿para
qué la utilizará? ¿De cuchillo para cortar la comida? ¿De cuchara? ¿Acaso de
utensilio de precisión para extraer las zurraspas inherentes a una estricta
dieta de arroz? Pero no nos vayamos por las ramas. Me gustaría terminar este
post, otra vez tecleado en el iPhone, antes de que el bus dé uno de sus
habituales frenazos y tal vez su arma punzante se me clave en la
yugular).
Abandonamos poco a poco este país, decía, y pienso que aún tardaré unos
días en decidir qué me ha parecido.
De paisajes realmente espectaculares,
tantas veces Indonesia, ofrece montañas y selvas de naturaleza exuberante y
playas de aguas cristalinas que diríanse casi vírgenes; caso de la costa
norte, allá en la península de Jaffna, lugar al que, sin embargo, no recomendaría
viajar a no ser que se viaje sólo o acompañado y en ambos casos se
pertenezca al genero masculino. Hacerlo en pareja (heterosexual), puede
resultar verdaderamente incómodo y desagradable. Y en soledad, si se es mujer,
un verdadero desafío que a mi juicio es mejor evitar. Aunque, como todo, cada
uno cuenta la película según le va, esto también es así.
Los precios son caros y tampoco es que se correspondan, ni mucho menos, con
la calidad de la oferta. Pienso en los presupuestos de referencia que nos
habían pasado algunos colegas que estuvieron no hace ya uno o un par de años,
sino apenas unos meses atrás, y quedan desfasados y subiendo.
La gente, en su inmensa mayoría, cálida, simpática y hospitalaria; súper
atenta y solícita, siempre dispuesta a echar un cable, no escatima en regalar sonrisas y carantoñas. Es maja. Muy maja. Verdaderamente maja. Con todo, yo que
vengo de India, con callo para abstraerme de los buscavidas más invasivos -a los
que en India ya no veo ni siento ni padezco, cual camarero español que pasa de
ti cuando lo llamas-, aquí me resultan extremadamente pesados en los
inevitables circuitos turísticos. Irritantes en sus formas. Tal vez
porque lo percibo todo como un país nuevo y al otro ya me acostumbré. Amén de
que beben mogollón. MOGOLLÓN. Es una cosa exagerada. Tal vez aquí se haga de
manera más pública -conozco las colas de los 'wine-shops' en India y son para
flipar-, pero aquí, en Sri Lanka es algo que me llama mucho más la atención.
Lo de cenar con una botella de whisky (o cualquier otro alcohol de alta
gradación), en el centro de la mesa, es algo muy asiático. Y como todo, el
resultado de cómo se desarrolle el pedo depende de quién beba y cómo lo haga. Pese a
ello -insisto-, hay algo que no termino de ver, de comprender. Ese constante pestuzo a alcohol
como parte del paisaje sensorial, esos ojos brillantes y esa dialéctica pesada de
'anfitrión' borrachuzo que pretende ser amable y que no por representar los
menos ejemplares que se ven, resultan menos antipáticos.
En fin, ya digo, tardaré algunos días en llegar a alguna conclusión :-)
De momento, lo que si haré, será colgar una selección de las fotos del
viaje, en orden cronológico, que tal vez termine poniendo
a la venta a un precio más que popular. Porque también cabe destacar, este país me ha
regalado algunas de las mejores postales del apartado "viajes" de mi
nomadista caminar. Todas hechas con el iPhone, mi súper flamante iPhone nuevo, por cierto, porque la Canon se jodió a última hora y hubo de quedarse en India, junto al
resto de equipaje que sobraba.
Ya veré de qué manera ;-)
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