Llegando a Agonda, tras abandonar la carretera
principal y aventurarse en moto por un pequeño y apenas perceptible camino de
tierra, sinuoso, que atraviesa al menos un par de patios traseros de viviendas
locales y desemboca en una vía secundaria, y después de esquivar gallinas,
niños y basura, no hay más que girar un poco la manilla de gas durante un
tiempo indeterminado, et voilá, se
llega a casa de Claudia ;)
Claudia es una mujer de poco más de 30 años que se
dedica a la fabricación de aceite de coco, elemento muy presente en la vida en
el sur de India, ese “otro país” que -al contrario que en el resto del mundo-,
se ubica en una geografía mucho más próspera y avanzada que su vecina del
norte, mucho más pobre y menos desarrollada. Sobre todo en lo que se refiere a
temas sociales. Fue en Kerala, por ejemplo, un estado donde el Partido
Comunista es legendario, donde se crearon las primeras comisarías regentadas por y para mujeres. Y es en Kerala donde,
a mi juicio, mejor se cocina en toda India; ese pescado guisado en hoja de
banana. El desarrollo ¿Qué será el desarrollo?
Extrae el aceite de coco usando dos viejos
armatostes: Uno de madera, cuyas vetas cumplen 50 años, y otro de piedra, donde
ella misma, que es la dueña del tinglado, trabaja, que tiene otros 25.
Un coco le cuesta 15 rupias y para hacer un litro
de aceite–o cuatro a la hora-, necesita
2,5kg de cocos, así que trabaja de sol a sol, “pero sólo los tres meses de
temporada”, añade divertida con una carcajada.
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© Rafa Gassó |
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