![]() |
Kalpitiya, localidad costera al noroeste de Sri Lanka, ha sido destacada como punto de vulneración de derechos humanos debido a la llegada del turismo. / Foto © Rafa Gassó. |
.
“Claro que hay problemas.
Cualquier país en desarrollo tiene problemas cuando sufre un gobierno como el
nuestro”, cuenta Riash, de 40 años, omitiendo usar la palabra “corrupto” cuando
habla del sistema político que rige Sri Lanka desde el fin de su guerra civil,
hace ahora otros seis años.
La conversación, a media voz y con
interrupciones constantes para saludar a los vecinos que se paran a curiosear y
restarle así -entre sonrisas-, importancia a la misma, tiene lugar a cobijo de la
escasa sombra que proyecta la motocamioneta de este pequeño empresario, “emprendedor”
dedicado a la depuración del agua contaminada con arsénico. Es el único habitante
que parece hablar inglés –y que, además, se presta a ello-, en Kalpitiya, una
pequeña localidad costera de sol abrasador, ubicada al noroeste de Sri Lanka.
Y es que esta localidad, junto a
otras vecinas, ha sido recientemente señalada por la ONG suiza Sociedad
Para los Pueblos Amenazados (STP), en su informe ‘A shadow on the sunny paradise’ (Una sombra en el paraíso soleado).
En dicho informe (que puede leerse completo, en inglés, pinchando este enlace) se denuncian serias y “sistemáticas
violaciones de derechos humanos” entre los locales, devenidas del floreciente
entramado turístico de la isla. Una industria que crece a un ritmo vertiginoso
desde el final de un conflicto que asoló y mantuvo aislado al país durante casi
tres décadas (1983-2009), y que según la ONG ha afectado ya a 1.200 familias de
la región.
Se trata de familias, en su
mayoría pesqueras, que han visto cómo la aparición de nuevos resorts de lujo han convertido muchas de
las antiguas playas desde las que antes salían a faenar, en paraísos de lujo privados
al alcance de unos pocos occidentales. Hoy, muchas de estas permanecen cerradas
al paso por unos alambres de espino que los nativos no pueden cruzar. A ellos ya
no se les permite el acceso, ni por tanto, trabajar, confinándoles a la miseria.
‘Responsabilidad’ de los turoperadores occidentales
Desde que la “Lágrima de India”
abriese sus fronteras al turismo, la antigua colonia portuguesa, holandesa y
británica, sucesivamente, de Ceilán –una idílica isla de postal trufada de
bosques tropicales y bañada por las aguas del océano Índico-, se ha convertido
en uno de los destinos turísticos más importantes del mundo. Sólo en 2013,
cuatro años después de abrir sus puertas al extranjero, Sri Lanka ocupó el
número uno en la selecta lista de los “países a visitar” que elabora la
todopoderosa editorial de guías de viaje, Lonely
Planet. Del millón y medio de extranjeros de vacaciones que Sri Lanka
recibió durante 2014, 144.168 entraron con pasaporte británico –el principal y
más nutrido contingente de visitantes que arriban procedentes de Europa
occidental-, seguidos de 102.977 alemanes. Así, y según se desprende del
informe emitido por esta ONG, “al menos 49 agencias de viajes alemanas y 21
suizas” ofrecen hoteles en dichas zonas turísticas. Es por eso que la ONG insta
a los turoperadores europeos a “asumir su parte de responsabilidad”, en lo que considera
una creciente violación de los derechos humanos fundamentales, perfecto caldo
de cultivo, además, para la pobreza. A expensas del desarrollo, una gran
mayoría de pescadores se han quedado sin lugar de trabajo. Algo paradójico, advertir
de la creciente pobreza, si se tiene en cuenta que la isla tiene la más alta
renta per cápita de toda el Asia
meriodional.
Con un proyecto de desarrollo que
sólo en Kalpitiya pretende establecer diez mil camas en 17 hoteles de lujo –que
de media, testado por este periodista, cuestan un mínimo de 35 dólares la
noche-, las cuentas no salen. “Ha habido mucha inversión” cuenta Riash refiriéndose
a “gente rica de Colombo” [la capital], pero también a compradores “chinos y
malayos”, sugiere Riash, quienes igualmente adquieren terrenos donde luego
construirá el capital patrio.
Y expropiaciones fortuitas de
terrenos, advierte asimismo el informe. “Durante décadas las fuerzas armadas se
han cobrado grandes extensiones de tierra al norte de la isla”. Y expone que, durante
la guerra, muchos tamiles huyeron y se asentaron en el extranjero o en otras
regiones de la isla, y que pese que desde el final del conflicto muchos han
querido volver y recuperar sus tierras, se han encontrado con que el ejército
las ha convertido en “campos militares”, en “Zonas de Alta Seguridad (HSZ)”,
cuando no en “zonas económicas especiales”. Se señalan los 6.000 acres de
tierra que, sólo en la península de Jaffna, el ejército quiere convertir en
“Zonas de Alta Seguridad (HSZ)” permanentes.
.
![]() |
Riash admite a media voz que Sri Lanka "tiene problemas" debido al gobierno que lidera el país desde el fin del conflicto armado de 2009. / Foto © Rafa Gassó |
.
De hecho, se apela a los
proveedores de viajes a que no ofrezcan hoteles administrados por militares u otras
actividades turísticas que se rigen bajo supervisión del ejército, “a menos que
se pueda demostrar que [dichas ofertas] no se basan en la adquisición de
tierras ilegales u otras violaciones de los derechos humanos”. Y cita, como ejemplo, a uno de sus investigadores,
quien reportó el caso de un residente que vio cómo comenzaban las obras de
construcción de un hotel de lujo en sus tierras sin que nadie, ni ningún
representante del gobierno cingalés, le hubiera avisado ni pedido ningún
permiso.
Paraíso de luces… y sombras
Y es que a pesar del fin de la guerra civil, y tal como refiere el mismo
informe, “el gasto militar ha aumentado continuamente durante los últimos años”.
Si en 2009, último año de conflicto, se destinaron hasta 1,1 mil millones de
euros para gastos militares, en 2015 tal presupuesto ascendió a 1,9 millones de
euros. O lo que es lo mismo, el 16,6% de los presupuestos generales del estado
srilankés. Asimismo, se señala que los militares han centrado este aumento del
presupuesto cada vez más en el turismo –además de en otro tipo de “tareas
comunes” o “promoción de la agricultura”-, con los tres cuerpos del ejército,
Tierra, Mar y Aire, abriendo hoteles por todo el país y ofreciendo cada vez más
actividades turísticas. En declaraciones de un teniente coronel patrio, Hewawithanage
Laal Perera, recogidas igualmente en el informe, “la intención de las fuerzas
armadas en los próximos años es la de gestionar más de 150 hoteles en todo el
país”.
¿Será, entonces, “sólo”
una cuestión de desarrollo económico (des)controlado por la corrupción de un
estado militarizado?
[Continuará]
.
![]() |
Los habitantes de Kalpitiya, en Sri Lanka, y los de otras localidades cercanas albergan a las 1.200 familias que, según una ONG, ven vulnerados sus derechos por culpa del turismo. / Foto © Rafa Gassó |
.
Este que acabas de leer es el original de los dos artículos que escribí para el diario.es sobre algunas peliagudas cuestiones que afectan a la realidad actual de Sri Lanka -y que van más allá del mero hecho de un simple auge del turismo, cuyas consecuencias "casualmente" afectan, y mucho, a la minoría étnica tamil-, y que cerrará con un tercero escrito ya desde la orilla india... pero igualmente tamil. En Mamallapuram, bello enclave de pescadores en el estado de Tamil Nadu.
Ayer salió publicado, cuya edición desalambrada puedes leer aquí ;-)
No hay comentarios:
Publicar un comentario