¡Hola Delhi!
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Os comparto este reportaje que escribió mi compadre Manuel Elegancia y que yo mismo fotografié, sobre la vida secreta de Nueva Delhi, una ciudad en la que #ThisIsMyIndia se halla de tránsito hacia el norte y que bien merece una parada con calma.
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¡Buen lunes a todo el mundo!
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Reportaje sobre la vis más 'canalla' y desconocida de la capital de India, publicado el año pasado en la revista Primera Línea (Grupo Zeta) / Texto y fotografías © Rafa Gassó |
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'Delhirio' en la capital India
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Primera Línea se adentra en los territorios nocturnos y
canallescos de uno de los secretos mejor guardados de Asia: La cara más golfa y
desenfadada de Nueva Delhi que muy pocos turistas conocen. Hedonismo, drogas y rock’n’roll
en pleno corazón del hinduismo.
Por Manuel Elegancia / Fotos Rafa Gassó
Si se le preguntase a un curtido mochilero experto en
India qué piensa de su capital, Delhi, seguramente escupiría su chai (té) y
lanzaría al aire un afectado “What the fuck” seguido de un “fucking bullshit,
man”. Seguramente porque nunca ha traspasado el polvoriento muro de suciedad,
ruido, buscavidas y delincuentes menores pero cansinos que rodea al barrio de
Pahar Ganj, ineludible primera noche para todo recién aterrizado en el país por
vez primera o por enésima. La experiencia no cuenta. El barrio apesta y el
ahogo al que somete obliga a que la mayoría ventile rápidamente su estancia.
Pocos se aventuran a apostar por las rutas que llevan al sur, que en el caso de
India y al contrario del resto del mundo –pura idiosincrasia-, siempre es más
próspero que el norte: En Delhi pero también en el resto del subcontinente.
Aquí el sur es sinónimo de buena vida, especialmente en la capital, uno de los
secretos mejor guardados del sur de Asia. Olvidemos, pues, la vieja ciudad
monumental del norte, alcemos el brazo entre la maraña de auto-rickshaws
verdeamarillos que hormiguea nerviosa y a golpe de claxon las arterias y venas
de esta megalópolis, y gritemos: “¡AUTO!”. Es hora de conocer la India más cool
y vertiginosamente moderna.
La Honorable Casta de los Rickshawalla Suicidas, ases del
timo, el lío y la extorsión, también son los mejores aliados para recorrer una
ciudad de 17 millones de almas, que desentrañan rápido sobre tres ruedas,
pañuelo al viento, siempre elegantes. Al hecho de tener de tu parte a un Señor
Lobo local para todo, hay que sumarle el trip de moverse así por la ciudad,
previamente avituallado de las delicatessen traídas de las montañas de Manali
–productora del cannabis patrio-; el trayecto será viaje y las bocinas y
sonidos de los mastodontes mecánicos que os adelanten, psicodélicos cantos de
sirena. En la capital el vicio tiene precio español. Sea cannabis o cocaína,
que dado el caso no suele ser tal cosa sino heroína. Cuidado. Aquí triunfan los
opiáceos y psicotrópicos; pelotitas de opio envueltas en papel de fumar o
banglassi, un batido de marihuana y yogur con efectos alucinógenos. Cuestión de
gustos. ¿Servido? Aún estamos a tiempo.
Al sur, siempre al sur
Sorteamos Connaught Place, centro neurálgico y más
veterano distrito comercial de la capital –el alquiler de sus oficinas está
entre los más caros del mundo-, trufado de cadenas de comida rápida y cafés,
pubs de vocación británica pero irremediable sello indio en los que tomarse
unas pintas de Kingfisher (terrible) o Elephant; prêt-à-porter occidentales y
exquisitamente locales; artesanos y artistas de todo tipo y condición; mercados
callejeros, puestos de comida, de refrescos, de helados y hasta un setentero y
descuidado centro comercial en el subterráneo de su epicentro, el Palika
Bazaar. Sobre éste se asienta un parque ajardinado, punto de encuentro
imprescindible durante el día entre los veinte-treintañeros más pudientes. Pero
en un territorio que alberga a un 86% de credo hinduista, los códigos para el
cortejo cambian bastante. A esta parte de la ciudad sólo se viene a mirar y a
ser mirado. O a disfrutar de uno de los mejores restaurantes de comida del sur
de India -las dosas más ricas de la ciudad-, Saravanaa Bhavan. Del
característico magreo físico entre machos alfa indios que se amontonan para
pedir mesa no se libra nadie, pero es divertido y da muchas pistas sobre cómo
relacionarse. Ni la más europeizada se mezcla con el tumulto. A una mujer india
no se le toca ni cuando se le saluda y mucho menos en público. De hecho,
disponen de vagones exclusivos en el Metro, otra forma de moverse si no sufres
de claustrofobia, te gustan las emociones fuertes y no te incomoda que varios
señores sudorosos y con bigote resoplen sobre tu nuca.
Nos adentramos en largas avenidas flanqueadas de árboles
y residencias de estilo colonial, kilométricas, en sombra; Lodhi Road, paralela
a Lodhi Garden, uno de los más agradables y concurridos pulmones verdes de la
muy verde Nueva Delhi; Nizamuddin West, enclave musulmán frente al East, una de
las más bonitas y más caras zonas residenciales, construida entre jardines en
torno a la tumba de Humayun.
La marihuana es combustible religioso que abarca a
hinduistas por convicción y al resto por afición. Cualquier rickshawalla te
llevará de la mano a comprar un chivato por 150 rupias (1,85€) junto a la
garita de policía del West. Que permitan el menudeo no significa que un
occidental no sea un bingo al que sacarle (mucha) pasta o al que castigar
ejemplarmente como aviso a futuros aventureros. Ojo.
Parada en los muchos boxes callejeros de cordero o pollo
afgani y a Hauz Khas Village, el Soho de Nueva Delhi: Sede central del Street
Art Festival, es casi un pequeño pueblo de única calle en la que se amontonan
galerías de arte, tiendas de diseño, restaurantes innovadores como El
Imperfecto y garitos para modernos en los que no faltan conciertos ni sesiones
de la más rebuscada electrónica, caso del coqueto TLR Café, que además alberga
en su primer piso una pastelería de público indohipster en la que acompañar
ricos tés de ricos cupcakes. Allí la clase alta educada en Londres se mezcla
con el ex patriado, otra élite a la que se le permite compartir hábitat y
estatus por su condición de occidental aunque su poder adquisitivo esté muy por
debajo de la media. Como todo lo que se pone de moda, empieza a competir con
Shapur Jat, ‘el nuevo Hauz Khas Village’ en su esencia underground y
contestataria, con el Chapter 25 a la cabeza de esa nueva vuelta de tuerca a la
modernidad. De ambos lugares surgen fiestas privadas en residencias repletas de
camareros de blanco impoluto y pajarita. El revoltijo entre sexos y pasaportes
está permitido –también en su vertiente gay, aunque hace pocos meses el
Tribunal Superior de Justicia de India revocó la eliminación de la Ley 377, que
ilegaliza la homosexualidad-, pero conviene saber que las conclusiones después
de un asunto de cama no son como en Occidente y si tu idea es salir corriendo
pero no la de tu partenaire, podrías ser acusado de ataque al honor, algo que
contempla el Código Penal indio. Otros enclaves, como Qtab Minar o GK1, de
ambiente abiertamente pijo, son dignos de investigar pero bastante más
difíciles para la relación con locales. Hay cierta atmósfera desacomplejadamente
clasista. Y cuando la verdadera élite se muestra con su mejor traje no gusta de
mezclarse con todo el mundo. Para una intentona en jardines más conocidos,
siempre quedan los clubs de corte británico de Gurgaon, un suburbio de clase
alta a una hora de Delhi donde “todo es posible”, que reza el dicho indio.
AGENDA
- Cómo llegar:
Casi todas las principales compañías aéreas conectan
Barcelona y Madrid con Delhi. Entre las más económicas, cómodas y modernas está
Qatar Airways (www.qtarairways.com). La más barata, sólo para valientes, es la rusa
Aeroflot (www.aeroflot.ru/cms/es).
- Dormir:
Lo más económico pasa por Pahar Ganj (el resto dispara
precios), en cuya calle principal se apelotonan todo tipo de hoteles y
guesthouses. Lo mejor es echar un vistazo a las habitaciones, sobre terreno, y
elegir la que más nos convenza. No es necesario reservar.
- Comer: Existen mil y una opciones, los indios adoran
comer a todas horas, bien sea en los puestos callejeros de momos, pakoras y
samosas, o en restaurantes de toda condición. Entre los favoritos, ‘Saravanaa
Bhavan’ (46 Janpath, Connaught Place). Sirve comida del sur de India a precio
muy económico. Y ‘El Imperfecto’ (H/1/1 Hauz Khas Village), buena cocina
mediterránea de precio medio / alto donde también tomar una primera copa.
- Salir:
Las citas para el ocio nocturno cambian con relativa
facilidad. En la actualidad, triunfan los siguientes destinos:
- TLR Café (www.tlrcafe.com), parada imprescindible en el “Soho de Nueva Delhi”,
Hauz Khas Village. Conciertos, electrónica y público local de lo más cool.
- Chapter 25 (dirección homónima). El nuevo local de moda
entre lo más in(dependiente) y 'hipsteriano' del canalleo hindi, en Shahpur
Jat, barrio que comienza a hacerle sombra a Hauz Khas Village
- The Blue Frog (www.bluefrog.co.in). Conciertos, copas y selecto ambiente en una de las
zonas más pijas de la capital, Qutub Minar.
- Hard Rock Café, en el modernísimo centro comercial de
DLF Place Saket, un buen lugar por el que pasearse antes de cenar y tomar una
copa con buena música en directo, en el que echar un ojo a las nuevas
tendencias y mejores curvas de las niñas-bien locales.
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Reportaje sobre la vis más 'canalla' y desconocida de la capital de India, publicado el año pasado en la revista Primera Línea (Grupo Zeta) / Texto y fotografías © Rafa Gassó |
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